NO AL CIERRE DE WEBS

Como en La Ciudad en Llamas tendemos a ser mal pensados, negamos al gobierno el voto de confianza que perdieron hace ya muchos años. Quieren controlar lo que se dice en la web. Si por ellos fuera, cerrarían éste blog, como tantos otros. Y cerrar las webs que ofrezcan material audiovisual es sólo el paso más importante.

Tienen controlado el cine para que nadie les haga una peli sobre los agujeros negros del 11-m, o una peli en la que un padre venga con sangre la muerte de su hija, ante la indolencia de la justicia. Por eso, la gente del cine español ni rueda ni deja rodar.

El diario El País publicaba hace unos días una ilustrativa aportación de Dolores Payás donde queda perfectamente diseccionada la estafa de las ayudas del cine español, cuyo link proporciono a continuación y recomiendo leer con mucha atención.

Éste es el cine que la ley de internet pretende querer proteger. Un cine sin espectadores. Sólo hay que mirar las cifras del intercambio peer to peer: ésas películas son también las menos bajadas. El pretexto, pues, es basura. Lo que quieren es meter mano en la red, que es el único sitio público donde se está diciendo la verdad sobre ésta recua de tiparracos sin fronteras.

Lo de la propiedad intelectual en España es de gilipollas. Se pretende anteponer el derecho a la propiedad intelectual al derecho a la propiedad a secas. Y todo para monopolizarla, politizarla y paniaguarla. Que no cambie de manos, aunque no vendan discos o entradas.

Las discográficas, que cobran los discos, son el lobby privado de mayor presión, a la hora de legislar. Cosa normal, pues cobran por disco vendido. Lo que a mí me fastidia es que aquellas discográficas fueron las que introdujeron el formato CD a una sociedad que no los demandaba, aduciendo que el CD ABARATA EL COSTE. Los distribuidores recordarán, como yo, que en 1990 uno se compraba lo último de los Rolling Stones en vinilo a 1.200 pesetas, unos siete euros. Ahora, por siete euros encontramos esos discos en las cestas de saldos. Lo último de los Rolling, por seguir con ése ejemplo, no lo encontraría uno por menos de 25 euros.

Si el CD se encontró un mercado de salida de 7€ por disco, y ahora se ha desmoronado la industria con un precio triplicado. El abaratamiento de costes del CD nunca se tradujo en su precio final. El paso a CD impuso un brusco encarecimiento. Y el redondeo del euro terminó de rematar la jugada. Los precios de los discos se habían triplicado en sólo cinco años.

No es de extrañar que los avances informáticos que terminaron por imponer el CD con naturalidad ofrecieran pronto, con Internet, modos de intercambiar material audiovisual, altamente encarecido en los noventa, de manera que el usuario puede saltarse los límites de su bolsillo a la hora de consumir un interminable catálogo de películas, libros, discos, juegos, gratuitos y de la misma calidad que los originales.

No es de extrañar, tampoco, que el mercado peer to peer se haya cebado especialmente con los artistos y artistas españoles. Son los productos españoles, al ofrecer una calidad ínfima, los que resultan más caros en euros, y también los productos menos atractivos para su compra o simple pirateo.

Que bajen los precios de las películas, cedés y libros, y se dejen ya de leyes, de prohibiciones y de regulaciones. Si los precios no estuvieran tan inflados, y los artistas tan paniaguados, el público no se decantaría por el mercado peer to peer ni por el top-manta. O dicho de otro modo: si un disco me cuesta seis euros, y resulta que no me gusta, pues qué mala pata. Si un disco me cuesta 30 euros y no me gusta, me cago en la leche que le han dado. Si quieren vender discos, que bajen el precio y venderán discos. Ellos solos crearon el problema, y ahora se requieren medidas coercitivas para restablecer su nivel de ingresos.

Así que no me cuenten historias, culirrojos de la ceja. Ésta ley no protege a ningún artista, ni creador, ni nada de éso. Ésta ley protege al gobierno. Y le protege de nosotros.