ZP-El chorlito culirrojo siempre miente sin sonrojo

Una parte necesaria del trabajo del político de altura es la de mentir. Todo alto mandatario debe conocer y practicar el arte de dosificar la verdad de manera que la mentira implícita quede soslayada, indetectada. Asímismo, todo buen político, llegado el momento, debe saber mentir ante los micros con credibilidad, si no queda otra opción más viable.

Pues bien, alguien debería hacer saber al tiparraco de la Moncloa que existe una gran diferencia entre ésto y lo que él hace. Aunque no creo que le importe.

Vean y escuchen a nuestro lamentable prócer.

Lo de Zetaparo no es mentir por oficio y con solvencia. El Gótico Faisán miente por sistema, como primera opción, y como todo le ha funcionado durante los últimos seis años, empieza a creer que el público se va a tragar lo que a él le apetezca. La baratura de sus anteriores mentiras, de  escaso precio político, a pesar de la dimensión de las trapazas presidenciales, han hinchado de papal infalibilidad, de soberbia impunidad, al “democracia bonita” que nos está dejando caer en una suerte de presidencia marxista-darwinista basada en tomar por gilipollas al personal, que se maten a palos y que sobreviva el más fuerte.

Teníamos la esperanza de que delante del resto de Europa, Zapatiesta esmerase la letra, pero no: a ellos también los va a tomar por gilipollas. Ya incluso le entra la risa nerviosa, y busca compulsivamente la mirada cómplice de propios y ajenos. Quien no vea a un mentiroso en la última declaración, con Van Ronpuy y Duräo Barroso de testigos de excepción, es que no tiene ojos en la cara. Zapatero, ante sus graves y notorias carencias idiomáticas, universaliza, esperantifica incluso, su mensaje falaz de una simpleza de riguroso pasmo, gestualizando su mentira, histrión de medio pelo, para que le tengan bien caladito hasta los esquimales que vean el canal internacional, calentitos en su iglú, juntitos frente al ipod.

Por no hablar de la larga pausa antes de la respuesta, que recuerda a la clamorosa callada de la vicepresidenta De La Vega, alias La grulla herida, alias Andy-Warhol-no-estaba-muerto-estaba-de-parranda, hace unos días ante una pregunta similar, y que además me hace sospechar gravemente que ésta recua de incompetentes llevan un microaudífono, vulgo pinganillo a través del cual les soplan las intervenciones.

Por no hablar del bufido que le ha dado a la periodista. Contesta, el tío fatuo, ante una pregunta bien previsible, metiéndose con la periodista. Para luego soltar una serie de sandeces usando a Reino Unido como ejemplo de país que ha perdido su prestigio momentáneamente. Ofendiendo, de paso, a nuestros vecinos británicos (esa ronda la pagan los Guardias Civiles del estrecho). Concediendo que nuestro prestigio está por los suelos. Y luego, para rubricar su propio fracaso, pone de relieve que en los últimos treinta años se ha producido un boom en España. Esto es, se cuelga las medallas de Aznar (Felipe fue otro campeón del paro) cuando es él el que está jodiendo la nota media que cacarea. Hay que ir muy sobrado para soltar semejante galimatías y pensar que todo cuela. Zapartero, no somos gilipollas. Por lo menos, no todos.

Por no hablar, ya para ir terminando, de la tomadura de pelo que ya ha repetido hasta en ocho ocasiones, en una serie que empezó cuando ya su negacionismo le llegaba al cuello, y cuya última entrega se produjo cuando dijo que “estamos a punto, prácticamente, si no se ha producido ya, de salir“, refiriéndose a la recesión. No terminó de negar la crisis y ya empezaba a anunciar la recuperación. Y así un año y medio. Sigue anunciando periódicamente el fin de la crisis. Cuando la verdad es que Zetaparo no sería capaz de sacar de la crisis ni al patito de goma de su bañera.

Llámenme paranóico, llámenme mal pensado, llámenme antíguo, carca, machista, cavernícola o primario. Pero cuando me toman por idiota se me hinchan los cojones. Sobre todo cuando el que lo hace tiene esas maneras de cretino. No se ustedes.