LA POCA DIGNITAT DE LA PRENSA CATALANA

Si en un momento del verano pasado decidí abrir éste blog, fué porque me di cuenta de que la actualidad política me tiene indignado, preocupado, asustado a ratos. No muy asustado, porque no conozco mucha historia. Pero más asustado cuanta más historia aprendo, o leo. Pero normalmente indignado, y siempre preocupado.Y eso me hacía hablar de política contínuamente. Cuando me dí cuenta de que estaba dando la tabarra a la gente que me rodea con mis contínuas peroratas, y poco después de ver en el Nerón de Qvo Vadis un retrato perfecto de Zapatero, me senté al ordenador, busqué la primera página de blogs que cayó en mi buscador, y abrí La Ciudad en Llamas.

“ Petronio, el incendio no arde lo bastante aún, y ¿sabes por qué? Porque no he visto nunca arder una ciudad…”

De esa manera logré librar a los demás de mis diatribas nunca terminadas. Qué curiosa manera de funcionar tiene el cerebro. Al principio no me leía nadie, cero entradas cada día. Y sin embargo, me quedaba tan a gusto cada vez que colgaba una nueva entrada. ¡Y sin molestar a nadie! Supe lo importante que es para mí dejar dicho lo que necesito decir. No es poco, celebro el momento en que abrí éste nuestro humilde blog.

No es como descubrir la rueda. Hay otros tantos cientos de miles como yo, que plasman en su blog sus pareceres y sentires sobre lo que les parece oportuno, como he podido comprobar en mi todavía tangencial atisbo del universo bloguero. Pero éste descubrimiento me hace sentir bien. Recordando Network (Un mundo Implacable), película setentosa de contínua vigencia, escribir en mi blog me hace sentir como si cada noche abriera la ventana y gritara lo que pienso. Éste acto sería estimulante un par de días, pero al tercero me cansaría, si al abrir la ventana no hubiese en los edificios contiguos otros locos haciendo lo mismo que yo. No oyéndome, sino gritando. Eso es lo que me parece emocionante, encontrar a tanta gente que, en su blog, hace como yo. Cada noche, antes de acostarse, abre la ventana y grita lo que le sale.

Imaginen eso, que una noche, después de ver un rato la tele, le entraran unas ganas locas de gritar por la ventana “¡Mi jefe es un cabronazoooooo!”, o “Zapatero a tus Zapatoooos!”, o “¡Buenafuente, eres un coñaaazooooo!”, y ver que los demás edificios hay otros tantos que se sienten como tú. Pensando cada uno lo suyo, se sienten como tú.

El resultado es un paisaje urbano en el que cada calle tiene a un vecino, tal vez dos o tres, que cada noche abren su ventana y gritan lo que piensan, para que se entere quien quiera enterarse. Que se entera uno, pues uno. Que se enteran más, pues más. Que ninguno, pues ninguno. Lo importante es decir lo que uno quiera; pueda; sepa; intente; o no pueda evitar, escribir. Sin presiones de nadie. Sin el control de nadie.

Ese acto, gritar en la noche y abrir tus pensamientos como el que casca un huevo y derrama su contenido, es un acto de libertad, y por eso hace sentir bien al que lo escribe. Aunque nadie escuchara, que siempre lo hay, cosa que se agradece. Lo estimulante, que otros gritan desde sus casas, cada uno con sus palabras. Un acto de libertad.

Por eso si ahora me viniera alguien poderoso diciéndome que todos los blogueros tenemos que poner tal o cual entrada, a la vez, incluso por una buena causa, muy probablemente me negaría. Y si accediera, por ser digna de ello la causa, sé que me sentiría molesto, pues estaría sacrificando mi acto de libertad, convirtiéndolo en un acto de militancia. Y yo eso no lo firmé al principio. Si para abrir un blog, tuviera que incluir en él ciertas entradas obligatorias, La Ciudad en Llamas no existiría.

Pero claro, La Ciudad en Llamas es sólo otro blog. El blog de Andrés. Y ni siquiera es un blog informativo, sino expresivo. Nada más. Y aún así, si ésto fuera mi periódico en lugar de mi blog, y ese alguien poderoso me trajera un editorial que tengo que publicar por collons, me sentiría ofendido. Y mucho más por informador que por persona. El informador se debe al público, ni siquiera sólo a su público. Y si yo aceptara (ya se sabe, hay que pensar en los empleados, los accionistas y los lectores) me sentiría, no, mejor, me sabría paniaguado. Apesebrado, que es peor que apesadumbrado. Oradado en mi mismísimo ojete de informador. ¡Pero qué digo! ¡No podría aceptar! ¡La deontología de periodista me lo impediría! Habría dejado de ser periodista para convertirme en un vocero del poder.

Señores de la prensa catalana, hoy me dirijo a ustedes. Noten que no les llamo periodistas, sino voceros del poder. Sepan que por aquí, a nadie se le escapa que su acto de emitir un editorial separatista unánime contiene un misterio. El Misteri de l´Estatut: ¿Cómo puede haber tanta unanimidad entre toda la prensa ante un hecho sobre el que sólo una minoría de entre los ciudadanos ha votado? Piénselo cualquiera, eso es imposible. Y si se da, como se ha dado en toda la prensa catalana, sólo puede ser faltando al principio de independencia que se le ha de presuponer a todo periodista para que su trabajo informe, en vez de escamar a la población.

Por culpa de gentuza como la que forma la prensa catalana, y mucha prensa también de la de más acá, vivo en una sociedad escamada con toda información, infestada de voceros como vosotros, contaminada la poca prensa independiente por vuestras mentiras y por la legítima sospecha popular, la sospecha de estar siendo tangado en todo momento, desde todo lugar, y sin que nada se pueda hacer.

Sino gritar. Desde aquí os grito, prensuza catalufoide, que no valéis un maravedí, y que vuestros puestos los debería estar cubriendo gente valiente, que no se doblegue ante el poder. Que tenga voz, y no un coro en playback. No valéis un euri. La línea editorial es el alma de un periódico, y es la gran conquista de la libertad informativa.

¿Por qué cada periódico tiene su línea editorial, personal e intransferible? Muy sencillo, porque esa es la razón de sacar otro periódico al mercado. Cada periódico trata de alcanzar a una sensibilidad determinada, o de atraer a determinadas sensibilidades. Su contenido, en ese sentido, es el alma del periódico.

Os llaman putas. Yo no tengo nada contra ellas, y sí contra vosotros. Habéis vendido vuestra alma. Sois unos desalmados al servicio de Nerón. A mí no me vengáis, gacetilleros cataflanes, imponiendo editoriales conjuntos, porque La Ciudad en Llamas os manda desde ya a tomar por culo. Para que se me entienda.

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2 thoughts on “LA POCA DIGNITAT DE LA PRENSA CATALANA

  1. Pedro Hernández noviembre 27, 2009 / 10:09 am

    ¿Qué significa dignidat?

    Pedro

    • monolocus noviembre 27, 2009 / 12:16 pm

      Dignidad significa no plegarse ante los poderosos. Dignidat, nadie lo sabe.

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