Debacle en educación: profesor juzgado por castigar

mira ppa, l kareto dmi profe sale n sta kosa d ppel!!

Apoyamos desde aquí a ése profesor cuya alumna no trajo los deberes hechos. El profesor la castigó a escribir cien veces “debo hacer lo que me mandan”, de cara a la pared. La niña persistía en su negativa a hacer los deberes, y el profesor decidió tomar cartas.

Lo que consiguió fué una denuncia del padre de la niña. Menudo desgraciado, el colega. Dice que la niña se angustió por la hostilidad del profesor, y le dio una arcada. La niña, de hecho, sostiene que llegó a vomitar, y que el profesor la hizo recoger el vómito. Mientras escribimos la última frase, nuestro polígrafo ha saltado solo, a pesar de estar apagado y desenchufado. Y es que la historia del vómito es mentira. El padre le habrá dicho a la niña “Miente y exagéralo todo, que las autoridades están de nuestra parte. Así niña, podrás seguir pasando de hacer los deberes y tu profesor me dejará en paz. Y traeme una cerveza, que estoy viendo el partido.”.

A día de hoy, un profesor no puede castigar a los alumnos. No puede expulsarlos. Si a un alumno idiota le da por reventar la clase, no se calla, no aprende y distrae a los otros, el profesor no puede expulsarle de clase. Como mucho puede sacarlo y hablar con el fuera, en privado. ¡Tócate los huevos!

Y hete aquí que, claro, se da el caso de una alumna pasa olímpicamente de hacer los deberes, y el profesor acaba juzgado. En el banquillo, vaya. ¿No deberían juzgar la indolencia del padre? Y, por cierto, qué duda más tonta, lo del vómito. Si fuera verdad, ésa sería la noticia: alumna obligada a recoger el vómito.

¿No sería más bien que la niñata simuló una arcada y escupió un asquito de nada? ¿No sería que el profesor sabía perfectamente que la niña estaba intentando tomarle el pelo, y dijo hasta aquí hemos llegado? Pero, al final, siempre está el padre. O sea. Si su padre no castiga a su hija, lo que nos extraña es que la niña aún vaya al instituto. Pero claro, para el padre, lo mismo que para el gobierno, la escolarización es un paripé, un acuerdo tácito. Tú me das mi título, y yo aparezco por aquí. Tú aprueba a mi hijo, y no me des el coñazo. Tu trae a tu hijo, que ya me ocupo yo. Una estafa que se ha convertido en normativa, y cuyas víctimas son, a corto plazo, la devaluada figura del profesor, a medio plazo, los propios alumnos, semianalfabetos funcionales, y a largo plazo, la sociedad en pleno.

La milonga socialista es persistente en premiar la mediocridad, pues sabe que el mundo está formado por mediocres. Esa es su eterna cantera de votos. Pero premiar y fomentar la mediocridad devalúa a los pueblos, no los obliga a hacer sus tareas, y denuncia al que les quiera desmontar el chiringuito. Y eso sólo favorece a unos pocos políticos. Hay que premiar el trabajo bien hecho, hay que corregir la pereza y hay que castigar la mala conducta.

Y hay que juzgar a los padres indolentes. Ya hemos llegado a un punto en el que se juzga al que no es indolente. Así, un padre que le calienta el culo al coñazo de su hijo por no hacer caso de nadie, es juzgado. Y un profesor que castiga a una alumna imbécil con abogado, también es juzgado.

Menuda mierda de país, Zetapé. Cazurros criando a cazurros.

Noticia en LD: Noticia en LD: Juzgan a un profesor por castigar a una alumna

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