Bolonia, 1980

Bolonia. Una de las ciudades medievales mejor conservadas. Si pinchas en wikipedia, salta a primera vista que a Bolonia se la llama la ciudad roja, por el colos de los tejados. Además, es un bastión histórico del Partido Comunista, desde la segunda guerra mundial. Ya saben, partisanos, resistentes,…

Es un día caluroso y soleado. En plenas vacaciones de verano, la estación ferroviaria de Bolonia es un hervidero de turistas y viajeros, mozos, revisores…

La sala de espera de 2ª clase consiste en una serie de bancadas junto al andén 1. Eran las diez y veinticuatro del día 2 de Agosto de 1980, y de entre la multitud que abarrota la estación, unas pocas personas reparan vagamente en una maleta olvidada junto a la pared, en la sala de espera de 2ª clase.

A las 10:25 exactamente, la maleta hace explosión.

85 muertos, 200 heridos

Entre la deflagración y el posterior derrumbe, murieron 85 personas, y hubo más de doscientos heridos. Por supuesto, la bomba no hizo distinciones entre niños mujeres, ancianos o adultos. Fue una masacre indiscriminada. Pinchando en la imagen puedes ver la placa con la relación de víctimas detallada por edades, que pone los pelos de punta.

Parte de la estación se vino abajo. Fué reconstruida más tarde a semejanza de su configuración habitual. Sin embargo, por orden del alcalde, la parte nueva del tabique se dejó sin pulir, para que en el futuro se pudiera apreciar la magnitud de la explosión. En el lugar exacto de la explosión, se dejó una puerta de acceso que antes de la explosión, no figuraba. El reloj de pared, a la entrada de la estación, se detuvo exactamente a la hora fatídica. Y a día de hoy, el reloj sigue ahí y aún marca las 10:25.

El explosivo utilizado fue ciclonita mezclada con TNT. La ciclonita es un alto explosivo, como el titadyn. Produce veloces deflagraciones que dejan un característico humo blanco, humo sin apenas fuego. Las superficies atacadas por la ciclonita o el titadyn presentan cortes limpios, localizados. Es un explosivo de uso básicamente militar, indicado para demoliciones y explosiones controladas.

En un primer momento, la versión oficial atribuyó la explosión a causas fortuitas. Horas después, y en el transcurso de los siguientes días, se realizaron detenciones, algunas en tiempo récord, entre los sectores más radicales y clandestinos de la izquierda.

La versión oficial cambiaba, pues, atribuyendo la masacre al radio de acción de las Brigadas Rojas, un eje vertebrador de la izquierda clandestina en Italia.

El caso se alargó años, y fue quedando en evidencia que la versión oficial de la autoría comunista era una patraña, una mascarada, una cortina de humo preparada y lanzada coordinadamente desde varios estamentos policiales para desviar la opinión pública, incluyendo presiones a testigos, diversa documentación falsa y testimonios equívocos por parte de las autoridades.

Un juez dijo: «el SISMI (Servicio de Inteligencia Italiano) nos hizo llegar una masa de informaciones difícilmente verificables, a fin de empujarnos en unas investigaciones y/o pistas tan improductivas como extenuantes».

Al final, se pudo llegar a juzgar, tras una instrucción convulsa y tortuosa, a unos autores materiales, los neofascistas Francesco Fioravanti y Francesca Mambro. Fueron condenados en 1995 a cadena perpetua. Nunca reconocieron los hechos.

A varios oficiales de policía se les dedujo testimonio, al quedar probado en el propio juicio la falsedad de sus testimonios y pruebas aportadas. La intención de la policía había sido desde el primer momento distraer al juez de la dirección correcta, y, cada vez que el juez orientaba la investigación hacia la extrema derecha, aparecían nuevas pruebas, testimonios o indicios que apuntaban a la izquierda, muchas veces datos incomprobables, también.

Y la colocación de una mochila-bomba, unos meses después, en el tren de Tarento a Milán, el 13 de Enero de 1981. Una falsa mochila bomba colocada por la policía con una mezcla de TNT y ciclonita,  y otros indicios que apuntaban a terroristas de izquierda para reforzar la tesis de la autoría comunista.

Y claro. Quince años de espera fueron demasiados, y el autor intelectual, el que encargó a los fascistas el atentado, logró escurrirse, y su autoría quedó diluida en el fango de la mentira oficial. Nunca se juzgó al autor intelectual.

A continuación, dejamos unas imágenes de la red. Hemos omitido las imágenes detalladas de cadáveres para no herir sensibilidades. No necesitamos imágenes de cadáveres para describir el horror sin palabras.

El cerebro que ideó la matanza del 11-M en Atocha se inspiró en el atentado de Bolonia. Preparamos una entrada comparando ambos atentados. Mientras, para abrir boca, dejo el link de otra de las páginas que más miedito nos meten en el cuerpo, Paz Digital. Paz Digital cuenta con informaciones de pasmosos niveles de detalle, centrándose en los secretos oficiales más recientes. Da ámplia cobertura al 11-M con informaciones exclusivas, como la del coche bomba fantasma, o la del sitio web del PSOE que anunciaba el propio 11-M la desmembración de España. Y toca muchos más temas. No es difícil quedar absorto buceando por sus páginas.

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