Estuvimos

Ayer, La Ciudad en Llamas fue testigo de un pueblo que se pronuncia. ¿La Marcha por la Vida? Yo, como buen vagoneta, tenía mis dudas acerca de ir o no, pero cuando escuché el editorial de Luis del Pino (click aquí para acceder al documento), entonces supe dónde quería estar. Así que La Ciudad en Llamas estuvo.

Estuvimos en una marcha de gente de bien, sin condenas, sin exabruptos y sin cólera. Una marcha plagada de niños, de viejos y de gente sin politizar, de gente sin furia, pero que sabía muy bien lo que se defendía allí. Allí se defendía la vida, y nada más. El derecho a la vida. Se quería dar freno al silencioso Auswitz que se lleva a cabo todo día gracias al progresismo de España. En esa marcha estuvimos muchos cuerpos, no sé si 50.000, 30.000 o 25.000. Pero en alma, en alma fueron miles de millones.

Ni siquiera encontré a más como yo: gente que estaba allí más contra ZP que a favor de algo en concreto. Y yo mismo dejé de representarme a mí mismo cuando me topé con la primera de muchas miradas dulces, serenas, burlonas y perdidas, de los cientos de niños minusválidos que embellecían la hermosa Cibeles. En ése momento dejé de estar en cualquier otro lugar.

Estamos aquí. Haga lo que haga el oscuro Zapatero, estamos allí. Un millón. Cien millones. Mil millones.

Mil millones que no queman coches, es verdad. Ni pone bombas. Mil millones que no preocupn a Rubalcaba y su SITEL. Ni a Aído, que se ríe de todo ésto aduciendo que “son lemas de hace veinticinco años”.

Y no, señora Aído. Por ahí no. SON LEMAS DE HACE 2.000 AÑOS. Es un millón que no pone bombas, y que habla por otros, pongamos, diez millones de personas que simpatizan con la vida. Un millón que no da para despeinar a quien no manda nada. Para la ministra Aído, una vieja anécdota. Unos pocos.

Pero, pocos o muchos, fuimos suficientes para cabrear y acojonar a Zetapé, el final de todos los caminos que llevan a Roma. De eso estoy convencido. A Zetapé le dimos el sábado. Y casi podemos decir que llegué allí de infiltrado, contra Zetapé. Pero supe allí mismo que, en el plan más loco, los socialistas, si quieren tirar para adelante sin oposición, tendrán que suprimir de algún modo todas ésas voces. Y no van a poder.

Un millón de buenas noches, Zetapé.

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