RELATOS GASTRONÓMICOS: CARNE A LA BORGOÑONA

RELATO GASTRONÓMICO: RECETA DELICIOSAMENTE RELATADA

 

CARNE A LA BORGOÑONA

Iba yo contento por la calle. Principio de otoño. La mejor época del año en Madrid, tiempo fresco y diáfano. Arboleda todavía verde pero ya comenzando a amarillear; hojitas, pobres ellas, alfombrando ya los pavimentos viejos, recordándome que un día de estos les haría compañía.

De todas formas, como digo: contento.

Había vendido una acuarela realizada el día anterior. No solucionaba demasiado el asunto ese de la supervivencia pero a alguien todavía le gustaba mi trabajo y eso me envalentonaba y mejoraba mi autoestima.

El rodillo que pasa por encima de uno a medida que trascurre la vida ya es doloroso, pero si además le agregamos una situación general dura, la realidad te coge entre dos frentes.

La verdad es que mi inmediato pasado como pintor, no de culto y escuela, sino de oficio en obras más o menos importantes en plan mural, generalmente de grandes tamaños, había estallado en pedazos, digamos, por las circunstancias.

Pero hoy había vendido una pequeña obra y mis pies más bailaban que pisaban las losas .Enormes piezas de piedra salpicadas de sombras de árboles y de personas que pasaban a mi lado.

No se la razón, pero a los pintores nos gusta cocinar. Será por lo solitario del trabajo y que para separar las horas y para superar el trabajo mental y manual y sentimental, cocinamos.

Así que dirigí mis pasos al mercado del barrio. El de La Imagen.  En Vallecas. Fiesta en la cocina, como diría el maestro Sabina. La mejor manera de homenajearme.

Me fui derecho al puesto de Pepe, el carnicero. Bueno, esto de ir derecho es un eufemismo porque antes tuve que sortear lo que a mí me parecieron infinitos puestos callejeros, por supuesto no autorizados, de gente de la calle que vendían sus cosa en la acera depositando a su alrededor y alrededor de todos, las cajas, sobrantes de lo que habían o no comprado o quién sabe como lo habían conseguido. Hojas de vegetales, tomates casi buenos, frutas medio podridas y todo aquello que alguna vez habéis visto y pisado.

Normalmente, el ruido de las voces de los voceras, de los claxones, de la extraña luz  en fin, de la algarabía general, me hubiera ofendido y molestado.(Sin hablar del paso acelerado de las señoras llevando el carrito de sus niños, hablando con la cuñada y haciendo caso omiso de todo lo que ocurre alrededor). Pero ese día no caminaba, como dije antes, bailaba. No hay mejor sensación que la que se experimenta al estar en paz consigo mismo. El mundo es casi amigo y uno caso comprensivo.

Total, llegue al puesto de Pepe.-

_ Dame esa espaldilla, pero sólo el cañón central.

_Te la tengo que cobrar un poco más porque me hodes la pieza.

 

 

 

 

 

 

 

 

_Nadie te la compra entera y el resto para carne picada, que ya le sacas bastante negocio.

_Pesa un kilo y cuarto.

_Ponla. Al precio que dice el cartón.

Después pasé por Faustino. Un tipo estupendo, simpatiquísimo que vende fruta y verdura y que te trata como si fueras el único cliente que tiene.

_Cebollas, ajos, zanahorias, apio, perejil, y esos champis que tienes allí.

_tiene buena cara, maestro.¿Todo bien?.

_De primera.

 

Con mis tesoros marché a casa. En el camino compré tabaco, pan y pasé por el bar de mi amigo Vicente.

Invité  unos vinos y también me vi correspondido. Hablamos de cosas de hombres, reímos de nuestros chistes y de algunas cosas más serias, filosofamos mientras el bebercio corría y finalmente cada uno se fue acordando que tenía cas y se marchó.

Lo mismo hice yo.

Cerré la puerta a mis espaldas. No miré el contestador porque no me gustan las malas noticias. Al tipo de correos le abro la puerta de la calle cuando llama al porterillo porque respeto su trabajo, pero con sus cartas me limpio el culo.

Me Puse un vinito y comencé la tarea:

Puse en la olla expréss la carne. Agregué una rama de apio, un par de dientes de ajo, dos zanahorias no muy grandes, peladas y cortadas en rodajas grandes y dos cebollas en cuatro partes partidas cada una. A continuación metí en la cacerola  el ramillete (dos o tres ramitas) de perejil y una hoja de laurel. Hay quien también agrega una rama de tomillo. Regué todo con medio litro de vino tinto y una copa de Málaga, sal y pimienta en grano, unos veinte de ellos. También otro medio litro de agua.

Dejé macerar todo hasta la noche.

Mientras, mastiqué un poco de jamón con pan, tomé café, hice una siesta breve y revisé dibujos que debía preparar.

Lloré mis lágrimas anuales viendo Casablanca, película que veo una vez por año y en momentos especiales, cuando permito que la emoción me gane.

Como a las diez de la noche y después de haber logrado un boceto aceptable, fui a ver cómo estaba la carne. Un líquido violáceo la rodeaba. Era una buena señal.

La retiré de su cubículo y la puse en una sartén con aceite. La doré con adoración por los cuatro costados y la volví a sumergir en la olla y en su líquido, con su aceite también. Cerré la expréss y al dejé cocinándose en su jugo durante una hora después que el pitote de la misma comenzara a girar.

Fueraparte y mientras todo esto ocurría, pelé, corté, limpié y sumergí en agua con un poco (como medio) limón a los champiñones para blanquearlos. Al rato los puse en una olla abierta con aceite, sal y guindilla a fuego lento. A la media hora los tenias guisados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puse un lienzo en el caballete y comencé a darle tonos. Quizá un poco melancólicos porque estábamos en otoño y porque quizá ya uno empieza a ser dueño y conocedor de esta estación.

De repente me acordé del guiso y salí disparado hacía mi cocina.

Quité la carne en bloque. La puse encima de una tabla para que se enfriara.

Pasé por un pasapurés todo lo que había en la Express. Agregué los champis.

Flambeé con brandy y corté la carne ya fría en rodajas finas. Puse en un plato dos o tres rodajas y vertí la salsa caliente por encima. Antes había preparado unas patatas fritas.

Puse todo en mi mejor mantel. Abrí  una botella de Rioja que escancié en una de mis grandes copas de cristal y oyendo la trompeta encantada de Harry James, comí como un señor.

Publicado por Juan sin Tierra

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One thought on “RELATOS GASTRONÓMICOS: CARNE A LA BORGOÑONA

  1. la madre septiembre 26, 2009 / 8:59 am

    Me gusta el aroma que desprende este pucherillo.Buena colección para los que nos gusta cocinar.Espero con impaciencia el proximo manjar.

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