PROHIBIDO DISCREPAR

Éstos socialistas huyen de la discrepancia como de la peste. Cualquiera que muestre ideas contrarias a las de un socialista, está a punto de ser censurado, ninguneado o insultado. Probablemente las tres cosas, y por ése orden. O sea, primero serás censurado. Alguien te va a interrumpir alzando la voz. Si continúas tu discurso sin inmutarte, pronto las voces se recrudecerán, y serán apoyadas, probablemente, por otros. Y por último, cambiarán de conversación y te verás de un momento a otro hablando a una pared mientras los socialistas se ponen a hablar de motor, Hamilton y Nadal, o de la hipoteca. O si no, te van a llamar facha, que es la palabra clave que tienen los socialistas para designar a alguien que no es afín a sus ideas. Los socialistas de nuevo cuño. Los socialistas de nuevo cuño son como los de antes, incultos y teledirigidos, pero ahora no tienen que defender sus ideas. Ahora, sus ideas se comparten tácitamente, no hay que trabajarlas ni defenderlas. Y lo que no se trabaja, se atrofia. Ahora ser socialista es muy fácil. Basta con no hablar de política nunca, salvo para insultar al PP o a la COPE, y pronto a esRadio, y pasar a otro tema. Saben tan bien como cualquiera el plan separatista por la vía del catacroquer  de Zetapé, saben a qué huele el 11-M y saben de qué va el PSOE con la ETA. Comparten tácitamente, porque en los socialistas de nuevo cuño todo es tácito, nada es manifiesto. Todo va por miradas cómplices. Claro, porque por ahora, todo lo que propone Zetapé es anticonstitucional, y además, antidemocrático. Pero eso es una cuestión de tiempo. Cuando la constitución salte por los aires, todo será como ellos dicen. Y punto. Cuando se les acaben los cheques, ya veremos en qué termina toda ésta historia de Zetapé.

En mi profesión siempre ha habido una presencia izquierdista masiva. Al principio, yo mismo la alimentaba. Con el tiempo fui testigo incrédulo de primera mano de cómo un perfecto canalla que hace de la venalidad su manera de entender el mundo puede quitarse de en medio injustamente a quien no le cae bien, moverse entre sus congéneres con ademanes de matón, a base de amenaza, abuso y antigüedad, y luego, a la hora de las copas, entre raya y raya, soltar interminables pajas verbales acerca del comunismo y la justicia social, las bondades de la izquierda, que suele terminar por goleada en propia puerta, entre patadas flagrantes a la historia y balbuceos acerca de la vuelta a lo rural, los tomates, las cabritas y tal. Uno decía “éste es un mal socialista”. Y a otra cosa. Yo decía para mí: éste cazurro no ha visto un libro de historia en treinta años. Ni siquiera tiene la más remota idea de lo que es el socialismo, el colectivismo, el comunismo ni el anarquismo. Éste es un facha. Pensaba, y a otra cosa. Sin embargo, un día caí en la cuenta de que hacía tanto tiempo que no revisaba mis ideas, que ya no las tenía. Sólo quedaba la cáscara, y así había sido por mucho tiempo. Ya no sabía lo que era el socialismo. Sólo sabía que lo quería. Y cuando me zambullí en mis antigüas lecturas, me di cuenta de que había entendido todo mal, o me encontraba con demagogia gruesa y falsaria lo que antes asumía exaltado. Para ése momento, un compañero mío, vasco y afín a la kale borrika, aunque con la boca pequeña en ésos temas, ya me había llamado facha por recordar yo en alto que España es una nación plural. Y nadie le replicó. Nadie de izquierdas dijo durante aquella comida una palabra más al respecto. No tardé en llegar a la conclusión de que el comunismo se me había muerto. Lo había supurado de tanto verlo en directo. No sólo en el trabajo. En la calle, en los medios de comunicación, en los libros de historia, en el atasco. El ciudadano urbano de ésta España presocialista o protosocialista, practica con pasión la inobservancia de los derechos de los demás, como el de antes. Pero el de ahora, además, no se justifica en alto, sino que el abuso es contínuo, tácito y recíproco. No cabe la protesta, no cabe el ademán. No cabe el argumento. Yo te la clavo, tú me la clavas, si no me ando al tanto. Éste es el equilibrio social de Zetapé. Y así lleva siendo ya mucho tiempo. Por supuesto, una España de ésta calaña dio el bote al eficiente pero antipático Aznar. Con tres excusas, un atentado  y una mentira les valió a los socialistas para sacar de la Moncloa a un presidente que vale más que Zetapé y todos sus 600 asesores personales.

Las excusas fueron pocas y cutres.

Irak: a ninguno de éstos socialistas les importa un maravedí los niñitos irakíes. Se la suda. Son tan racistas e ignorantes como siempre, claro, pero a un ignorante de militancia es completamente sordo a las ideas contrarias.

Yakolev: Como se ha demostrado una y mil veces, a un socialista se la suda tres pueblos la muerte de un militar o un guardia civil a manos de ETA. La muerte de cientos de militares deja igual de fresco a un socialista, pero le da pie a cebarse con el gobierno.

11-M: Un socialista sabe perfectamente a qué huele el 11-M. Sabe que mintió Gabilondo y que Zetapé también mintió. Sabe que no fue Al Qaeda, y sabe que el gobierno sigue ocultando la autoría de la masacre. Es más, el socialista compró la autoría de Al Qaeda sin exigir pruebas, y ahora sigue mirando para otro lado. Es más, el socialista basó la jornada electoral en una siniestra ruta: si crees que la ETA ha matado a 192 en Atocha, vota al PP. Si crees que ha sido Al-Qaeda, vota PSOE. Por cierto, ha sido Al Qaeda. Pásalo.

Política Laboral: Cuya inercia hemos terminado de exprimir éstos meses. De la que nos hemos aprovechado todos, especialmente los socialistas. Ahora culpan de la crisis ¡al PP! Eso no es ni siquiera demagogia. Eso es mentir. Un socialista antes no veía la crisis. Ahora que no puede negarla, echa la culpa al PP. Y se piensa cubierto por su PSOE, además. Ya le llegarán los palos del socialismo real. Cuando se acaben los cheques, la oposición se convierta en una anécdota y la gente pida euritos, entonces llegarán los palos y la opresión socialista. No estoy inventando la rueda: el historial del socialismo en cualquiera de sus facetas siempre acaba comiéndose a sí misma, a sus dineros y por supuesto sus libertades y sus derechos. Nunca ha habido una sociedad socialista próspera ni libre. El socialismo es un mecanismo de acceso al poder. Ahora mando yo. Tráeme la pistola. Eso es el socialismo.

Pol Pot el psicópata, Hitler el pulcro administrativo, Stalin el semidios paranoide, Castro el Charlatán de pistola humeante, Mao el exterminador. Hablamos de Albania, de Checoslovaquia, de Polonia, de Corea, Rusia, de Cuba. Nunca falla. El comunismo es una dictadura. El disfraz socialdemócrata cae siempre un poco antes de la tragedia. Siempre. Fusilamientos, opresión, miseria moral y miseria social, torturas, tribunales controlados, censura, DICTADURA. Comunismo es dictadura. Nunca fue otra cosa. Comunismo es control de mentes, ingeniería social y vigilancia policial. Xenofobia política. Racismo de clases, y de razas. Comunismo es incultura y miedo al poder. Mirad en la historia y lo comprobaréis.

 Con la crisis sentada a la mesa, y todo indica que va para largo, y en éste clima de semialfabetización tutelada y autocrítica cero, un facha de esos que dicen éstos socialistas de vuelo corto, o sea, un demócrata, es el blanco perfecto. El competidor más proclive a la maledicencia. El intolerante, machista, votante del PP. El cortarrollos. El pedante. El facha. No hará falta llamarle facha. Nadie se pondrá del lado de alguien a quien se le haya colgado el sanbenito de facha. Será un blanco perfecto. Y los demás se apartarán, o se unirán, con más miedo que vergüenza. Espero que, antes de que ocurra eso, Zapatero pierda las próximas elecciones y no sea demasiado tarde para huir de una situación crítica en lo territorial, en lo medular y en lo económico, y que nos coge en un momento de gran inestabilidad y falta de cohesión, con unas nuevas generaciones atrofiadas y semianalfabetas, ignorantes de toda materia de interés, poco competitiva en lo académico y sin acceso al mercado laboral, que, fuera del sector público, se muere por (no tan) lenta asfixia. Porque esa es la cuestión que más me irrita de éste guasón de Zetapé. Yo no sé si nos la va a liar, o si nos la ha liado ya. Pero como siga ahí unos años más, yo sé sobre quién recaerán las iras de los socialistas, asfixiados por Zetapé pero incapaces de culparle a él: sobre los que ellos llaman fachas.

 

Mientras tanto, la sociedad española ya se ha infectado de la enfermedad que aqueja a Vascongadas, la enfermedad del silencio. La enfermedad del yo soy apolítico. La enfermedad del contra mí no tienen nada. La enfermedad de calladitos, y gane quien gane actuaremos en consecuencia. La enfermedad de la pistola en la nuca. Ahora es sólo un gérmen. Será norma implícita muy pronto. Bienvenidos a la tercera república, bienvenidos a España Herría. Prohibido discrepar.

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