CABO DE GATA(II)-PLAYA DEL ALGARROBICO
Publicado por monolocus en Noviembre 6, 2009
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Un verano, Azucena y yo nos encontramos con que habían hecho un centro comercial y un paseo marítimo de esos con losetas y palmeras datileras. Una gigantesca rotonda en mitad de dos solares. Un parque con piedras ordenadas por colores, como un jardín zen para un alcalde gigantesco. Y un centro comercial con sólo dos o tres locales abiertos, pero cientos de locales vacíos. El pueblo seguía siendo apacible y semiabandonado, pero estaba claro: estaban haciendo una ratonera para turistas.

De juzgado de guardia
Cuando nos fuimos, lo hicimos con la pesadumbre que te da saber que abandonas un lugar que ya nunca más existirá. ¿Qué le vas a hacer? Es el tiempo, que no se detiene. Todo el mundo quiere un Carrefour cerca de su hogar. Cuando pasamos por el siguiente pueblo, Hortichuelas, dejamos atrás una urbanización en obras junto a un cartel que reza “Urbanización Los 8 privilegiados”. Hay que ser gilipollas para poner un nombre así a nada. Los ocho imbéciles que se han comido todo el pico de la burbuja inmobiliaria.
Aún así, el paisaje te despide con su mirada siempre torva y astuta, puro Eastwood, ¿por qué huir de un tópico inevitable? Y uno supone que eso, el paisaje, el desierto salvaje permanecerá. Lo crees tan sencilla y realmente como que abajo está el suelo, y arriba, el cielo.
Y entonces, un día, me encuentro en la prensa una historia que me hace recordar esos veranos en Las Negras.
Unos kilómetros al norte de allí, tras el acantilado de roca oscura que preside Las Negras, está el pueblo de Carboneras. Y un poco más al norte, una zona llamada El Algarrobico. Y El Algarrobico tiene una playa arenosa y larguísima, por la que uno puede dar apacibles y solitarios paseos disfrutando del agua en los tobillos. El Algarrobico posee la denominación de Espacio de Interés Natural. Es un bello y árido paisaje, una playa rodeada de escarpados y colinas de piedra roja que muestra las estrías de siglos de erosión y lluvias escasas y torrenciales, las huellas del tiempo.
Pero nada de eso impidió que alguien construyera, hace tres años y pese a la manifiesta violación de las normativas vigentes, un hotel piramidal recostado sobre el lecho de la piedra. Un monstruo blanco, un atentado a la naturaleza, a la dignidad natural del árido país lunar. Esto.

Parece el final de Abierto hasta el Amanecer, pero en hortera
La población y diferentes oficinas regionales y nacionales se movilizaron para detener las obras, pero nunca llegaron a pararlas hasta que el horror estuvo casi completamente perpetrado. Y ahí ha seguido hasta nuestros días, como un monumento a la codicia más obtusa y trituradora. Imaginen el impacto ambiental en el fondo marino frente a ese complejo, a escasos treinta metros del agua. Por no hablar de la destrucción del paisaje, irreversible, pues la obra está abrazada a la roca, y no se puede restaurar. Un paisaje perdido, y todo por un tiparraco con un permiso.
¿Un permiso? ¿De quién?
De la Junta de Andalucía (PSOE). Dado al ayuntamiento(PSOE), que concedió al promotor la obra. Esa Junta que anduvo desalojando a gente de toda Andalucía, sobre todo gente humilde, que vivía a pie de playa desde hace hasta cincuenta años, al estrenar la ley de costas. Ese PSOE sostenible y ecológiquííísimo. Y a día de hoy, la fiscalía quiere archivar el caso por no ver ilegalidad, a pesar de violar todas las normativas. Ha legalizado la situación del hotel, y se sigue adelante con ello, con la impunidad que da saber que la oposición está de bruces en el suelo. Han arrancado muchas cosas a la vez ésta última semana.
Con éste gobierno, uno no puede confiar en que la próxima vez que uno vaya a Cabo de Gata haya un desierto allí. Ésta gentuza no respeta nada. Se nos rompe el corazón por ésta batalla perdida. Adiós, Cabo de Gata. Próximamente, Carrefour.
Lean, lean la desoladora noticia en Libertad Digital.

Amanecer en Las Negras. ¿Tal vez el último?